Primero practicó una pintura deudora de la tradición inglesa arraigada en Francia, exponiendo en el Salón Oficial. Deseó romper con lo anecdótico y narrativo de lo vigente, así empieza a superarlo y sus figuras se cargan de inmovilidad y de tensiones internas. En la década de los 70 deja de concurrir a los salones oficiales, se aisla, va a contracorriente. A fines de los 70 y principios de los 80, trabaja la acuarela y crea un nuevo lenguaje visual. Trabaja la superficie con ritmos decorativos, creando atmósferas muy densas. Siempre admiró a poetas como Baudelaire o Mallarmé e intentó poner a punto metáforas de sentido evocador.
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